
Siempre vemos y miramos igual. No somos originales. Con los ojos y hacia delante, hacia detrás, hacia un lado o hacia otro. Pero, ¿qué tal si probamos a mirar diferente? Te propongo un juego: tenemos que buscar algo o alguien que mire por nosotros.
He pensado en el agua, es muy sabia a pesar de ser insípida y transparente. Me enseña cómo ve el una luz que puede ser perfectamente sus sol. Y, de repente, se antepone una mano, o no, nos invaden. Pobre agua está loca, muy loca. Es lo que hace ser tan poco original y diferente. Siempre se comporta y está igual: o caliente o fría, nada más.
Nos puede también ayudar a mirar el cristal. De una mesa o de una ventana, eso da igual. Lo mismo nos de da uno que otro, que los dos. Desde una ventana miramos y vemos una clínica, nubes y el cielo. Hay sol y nubes, claros y sombras, y todo ello da una aspecto magnífico a nuestra visión. Gracias a la fotografía lo podemos plasmar y ver y recordar siempre que queramos. Volvemos al cristal y esta vez un simple árbol, pero no es tan simple porque yo no lo veo ni lo miro es su reflejo en mi cristal. De nuevo, sol y nube, claros y sombras.
La sombra nos nubla y el sol se apaga. Ya hemos visto, ya hemos mirado. Terminemos que el juego ya ha acabado. Nos hemos cansado pero ha valido la pena. Mirar por mirar es tan simple. Mirar por mirar no nos hace ser diferentes. Lo que marca la diferencia es lo que nos ha enseñado este juego. Se puede mirar diferente si quieres y sabes cómo. Yo te lo he dicho.
¿Juegas?
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