miércoles, 31 de octubre de 2007

Las manos de la “amatxi”






Texto de Asier Barandiarán


El 10 de junio de 1973 se celebró en Oiartzun (Guipúzcoa) un homenaje a un bertsolari. A este acto fue invitado Xalbador, el pastor de Urepel (Baja Navarra). Cuando le tocó su turno, se acercó con solemnidad al micrófono. Su figura mostraba a un hombre sereno y rebosante de confianza. Don Juan Mari Lekuona fue el encargado de comunicarle el tema sobre el que debía cantar de un modo improvisado: “Xalbador, éste es tu tema, las manos de la abuela, “amatxiren eskuak”. Tras unos segundos de concentración empezó a cantar con una melodía suave y nostálgica:


Aizu, amona, aspaldian zu etorri zinen mundura,
ta zure baitan ibili duzu zonbait-zonbait arrangura;

nik ikustean begi xorrotxez zuk duzun esku zimurra,
laster mundutik joanen zarela etorzen zeraut beldu
rra.

Escucha abuela,
hace ya mucho tiempo que viniste al mundo,

y en tu interior has pasado muchas preocupaciones.
Al contemplar con mi fina mirada esas queridas manos arrugadas,
me viene un temor de que pronto tendrás que dejar este mundo.


Los oyentes no esperaban esta salida. Mirando a Xalbador podrían asegurar que no es un ejercicio de erudición y rima el de éste buen pastor. En su cara parecía vislumbrarse una añoranza de esa “amatxi”. Xalbador, sin cambiar el gesto grave y profundo de su rostro, canta su segundo bertso:

Beste amatxi asko ikusi izan ditut han-hemenka,
Jainkoa, otoi, ez dadiela gaukoan eni mendeka:

zure eskuak ez bitza, otoi, behin betiko esteka,

semeatxiak hain maite baitu esku horien pereka.


He visto en todo el mundo a otras muchas “amatxis”,
Señor, por favor, que me perdonen hoy lo que digo,
que tus manos, “amatxi” mía, no se agarroten nunca,
pues éste tu nieto tanto ama las caricias de esas manos arrugadas.

Cuando los oyentes todavía no se habían repuesto de la emoción, Xalbador lanzó al aire su tercer bertso:

Ene amatxik mundu guzian ba ote zuen berdinik?
Dudatzen nago hardu dukeen nehoiz atseginik;
orai eskuak ximurtu zaizko zainak hor dazura urdinik,
eta ez dago arritzekoa horrenbeste lan eginik.


Mi “amatxi” en todo el mundo ¿acaso tendría una igual?
estoy dudando de que alguna vez hubiese tomado un descanso,
ahora se le han envejecido las manos,
y sus venas azules las tiene ahí a la vista,

no es de extrañar... ¡tanta labor han hecho!


Xalbador con esa mirada suya perdida en el horizonte está viendo a su abuela trabajando, hilando la lana, cuidando la olla en el fuego, meciendo la cuna de su nieto, desgranando las mazorcas de maíz o las cuentas del rosario. Una abuela, con unas manos arrugadas, que fue la memoria de esa comunidad familiar.


Aires de Pasado



Cruzar el umbral de su puerta es volver al pasado, trasladarse a una época antigua. Qué pena que ya no se lleve comprar en mercados. Las grandes superficies le pisan los talones pero es así, la vida cambia y pasa muy deprisa. Quién le iba a decir a nuestras abuelas que aquellos puestos y aquellas mujeres que vendían sus productos poco a poco iban a ir dejando paso a los tan impersonales supermercados. Ya no se lleva ir al mercado y preguntar: ¿qué tal le va la vida Don Genaro? O ¿cómo va la mañana Asunción?




El mercado era mucho más que comprar y vender. En un mercado se hacían amistades y se conocían unos a otros. Aun así, el mercado de Santo Domingo sigue respirando esos aires nostálgicos. Todavía hay personas que se resisten a dejar de ir. Quieren seguir comprando, seguir haciéndose compañía unos a otros. La herencia de nuestros abuelos podía ser continuar conservando estas costumbres. Ir a un mercado, preocuparnos por los que nos venden la comida.






La vida sigue su camino y paralela existe un mundo mucho mejor que esos que se imaginan en las películas con coches que vuelan y edificios enormes. En todas las ciudades hay un mundo particular que vive independiente al paso de la ciudad. Un mundo donde se ayudan unos a otros, donde la simple pregunta, ¿qué tal estás?, no es tan simple. Un mundo donde hasta el más pequeño se siente el más grande. Y ese mundo en Pamplona se llama Mercado de Santo Domingo.








miércoles, 17 de octubre de 2007

Mil fotos

Yo y mi cámara

Despertarse y ver junto a ti a tu cámara, no es un amanecer normal, que ocurra todos los días. Supone comenzar la jornada partiendo de la base de que algo te acompañará allí donde vayas y estés con quien estés. Pasar un día completo agarrado a tu cámara es descubrir una nueva parte del cuerpo que en cuestión de segundos te puede trasportar a otro mundo imaginario construido únicamente con fotografías. Porque la magia de las instantáneas está en su poder de escribir con imágenes mucho más que lo que se podría comunicar mediante la palabra. Además, no hay algo prefijado, si no que es cada uno el que se inventa unos personajes, una historia, unos sentimientos. Consigues ver aquello que antes era invisible, te fijas en detalles hasta entonces insignificantes y descubres lugares escondidos del mundo exterior. Es verdad que no todo es un camino de rosas, también encuentras odio detrás de esa sonrisa falsa en el ascensor o indiferencia tras ese “Buenos días” en el portal. Aunque, sin lugar a dudas, es una experiencia más gratificante que perjudicial. Ayuda a abrirte, a perder la vergüenza y a que la gente no te vea como un bicho raro con una máquina entre las patas, sino como una persona real que lo que quiere es mirar el mundo a través de fotografías. Porque en un instante ocurren un millón de cosas y con las fotografías podemos detenernos y ver cada una de ellas en profundidad. La fotografía es objetiva a la vez que es subjetiva. Objetiva porque como ya he dicho plasmamos una realidad, algo que existe y que es tangible; pero también es subjetiva porque en lo que todo el mundo ve un árbol tú eres capaz de ver un recuerdo de tu niñez y otro un amigo que nunca habla pero que siempre está ahí. Hacer fotografías es mirar y mirar es conocer la realidad, el mundo en el que vives. Durante todo un día con la cámara a cuestas, percibes que tienes objetos alrededor a los que no se les da la atención que mereces y conoces personas que mirándolas( no viéndolas) dicen mucho más de lo que aparenta. La apariencia engaña y mirando fijamente podemos llegar a vencerla

martes, 9 de octubre de 2007

¡Qué comience la función!






SIGO SIENDO UN NIÑO...

Que tiempos aquellos en los que podía estar horas y horas con estos pequeños seres inanimados. Que nostalgia volver a montar este circo y este zoo.
Como toda función de circo que se precie, tenemos unos presentadores que nos presentaran a los diferentes números que conforman este espectáculo. Por supuesto contamos con unos grandes payasos, que esta vez he querido que estuvieran acompañados de unos graciosos burros. También nos sorprenderán con sus grandes habilidades los dos trapecistas que andarán por una fina cuerda o harán acrobacias en el trapecio. Para ser más originales el circo Romani presenta en primicia para todo el mundo los monos saltimbanquis que corren, saltan y hacen las delicias de los más pequeños.
Es muy divertido recordar uno de mis mayores hobbys. Jugar a los playmobils es meterte en un mundo aparte, en otra realidad. Es un universo que creas tú mismo, es ser Dios durante unas horas. A mi me encantaba inventarme historias y estar largas tardes con estos muñequitos. Tenía de todo, el circo, el zoo, una mansión, muchísimos coches… Montaba una verdadera ciudad en miniatura.
Por un día he vuelto a ser un niño y es fantástico.











martes, 2 de octubre de 2007

El árbol de enfrente

Cada vez que abro la ventana me encuentro con él. Por esa razón creo que hay una extraña relación entre él y yo y que menos que dedicarle mis primeras fotografías. Lo primero y antes que nada es pedirle perdón por si en alguna no aparece muy bien. Ha de entender que es mi primera vez y cuesta mucho trabajo sacar buenas fotos.
Me llama la atención su tranquilidad y parsimonia y es un buen compañero. Conoce mis manías, lo que me gusta y lo que no. Sabe cuando me levanto y cuando me acuesto. También me protege cuando el frío acecha p cuando un maldito rayo de sol se quiere colar por mi ventana. Durante esta semana he descubierto más caras a parte de la que veo todos los días. Y me he dado cuenta de que alguien quiso dejar su huella para que se le recordará siempre. El paso del tiempo le hace más experto y ya conoce generaciones y generaciones de estudiantes. Espero que este trabajo haya servido para acercarnos y que poco a poco nos conozcamos mejor. Porque aunque no te muevas, aunque no hables, estas fotografías demuestran que tienes muchas cosas que contar.